sábado, 17 de enero de 2015

La mujer y el socialismo


“Fuí al centro socialista y en mis manos cayó un periódico de la Península, «Aurora Roja», que se publica en Pontevedra, y al pasar mi vista por él ví un artículo dedicado a la mujer, que me apresuré a leer con avidez, como todo lo que se publique dedicado a aquella. Después de leerlo detenidamente, he deducido que el autor no conoce muy bien los sentimientos de la mujer o, por el contrario, que si todas son como él las describe, yo me considero distinta a las demás. ¿Por qué se ha de creer que, si un día, por necesidad del ideal que todos amamos y respetamos, el compañero se ve falto de trabajo, por que se ha de creer, repito, que todas las mujeres sin tener en cuenta lo hermoso del sacrificio, olvidan sus deberes de buena compañera para venderse al primero que, valiéndose de la falta de medios para la vida, llega y nos ofrezca un relativo bienestar? Esa suposición nos hiere y nos causa pena, por el pobre concepto que los hombres tienen formado de nuestro sentir. Por lo general, nosotras somos todas sentimentalismo. Una mujer de corazón noble que vé algo más que el trajín de la casa, no sólo estima en lo que vale el procedimiento observado por el compañero, sino que además ella con su modestísimo valer ayuda y anima, y el sacrificio que hace para que nada falte a los suyos le es dulce. 

Mucho se dice de la falta de cultura de la mujer: sabemos de antemano que se tiene razón; con pena lo reconocemos. Las canarias, sobre todo, somos las más incultas; pero al mismo tiempo reconocemos que no somos las únicas culpables: a los hombres también les toca algo. Por ejemplo: Si aquí por algún lado despunta una mujer de pensamientos libres, que por naturaleza su corazón no admite doblez y al querer exteriorizar su sentir lo hace francamente, sin importársele si está ante hombres o mujeres, seguramente que son contados los que aprueben su conducta; ese es uno de los motivos por que a nosotras se nos tiene en tan poca estima. ¿Por qué el obrero que posee alguna cultura y sentido común, en lugar de pasarse la mitad de su vida en sitios poco dignos donde no consigue más que atrofiar sus sentidos y perder la integridad de todo hombre honrado y, conscientemente, en lugar de eso, repito, por qué no instruye a su compañera? ¿Por qué no le inculca las ideas nuevas para que ellas, entonces, poco a poco fueran abriéndose camino por el sendero recto del socialismo, a la pare que sus hijitos, creciendo bajo el dominio de unos padres buenos y libres, ellos a su vez ya hombres, serán libres también y el sol les cobijará por igual a todos? 

Otro tema es porqué nosotras no nos acojemos bajo la bandera roja. ¿Acaso los compañeros nos abren camino?
Hoy, en el comienzo, debieran llevarnos de la mano, como se llevaría al niño; enseñarnos con amor la nueva idea, decirnos que es necesario sumarnos a los hombres, explicarnos lo que significa el socialismo; en una palabra, ser el puntal de apoyo, nuestros hermanos, ser sinceros y respetarnos y cuando hagan todo esto, verán surgir a la nueva mujer, animosa y buena, y el premio del hombre sería poder recrearse en su ardua pero hermosísima obra”.


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